El sabor del riesgo
Agosto 23rd, 2010Hablar del riesgo es traer a la memoria hechos que implican el equilibrio entre la vida y la muerte. ¿Es acaso riesgo la actividad de deporte extremo del pisabonito de turno que ha contratado en una agencia de viajes? ¿Implica más riesgo una travesía por el Golfo Pérsico en una nave con la sala de máquinas semi inundada y los bandidos carroñeros de barcos, afilando sus gumías en orillas cuya única ley es la de la supervivencia?
No me importa responder a esas preguntas. Me interesa otro tipo de riesgo. Jugarse la vida es fácil, cualquier inútil puede hacerlo. Lo realmente duro es jugarse la felicidad. Siempre me ha causado desasosiego saber que me estoy jugando algo tan importante y por una vez en mi vida no tengo ninguna duda. Voy a jugarme la felicidad, pero no un trozo o un capítulo de la felicidad, me la voy a jugar entera. Puede que la felicidad no sea más que la suma de pequeños momentos felices, pero esta vez voy a sacar de mi caja de la vida todo el montante de felicidad que tengo y la apostaré a una única carta. Mejor dicho a una única persona, a ti Madrileña Viajera. Voy a jugarme toda la felicidad que me queda a la carta de tu querida presencia. No me da miedo ni tan siquiera preocupación, parece que es el antídoto para sacarme de mi maldición y poder volver a mar abierto.
Mi querida Madrileña Viajera eres el antídoto que esperaba, por fin volveré a esta vivo. No solamente viéndote, si no viviéndote cada segundo de nuestras vidas. Contemplarte reflejada en un espejo me hace tener la certeza de que tienes algo de atemporal. Pareces un cuadro de El Renacimiento que cobrara vida en algún momento cuando haces un gesto, como aquella vez que te veía peinarte. Tiene mucho de mágico y poco de humano ese cúmulo de sensaciones, por eso estoy seguro de ha llegado la hora de acabar con mi maldición.
¿A qué sabe el riesgo? Me ha preguntado mi amigo Tony Paliky con su cara tatuada con indescifrables dibujos maoríes, hasta hora solamente podía contestarle que a metal o al acre gusto de la sequedad que te abrasa la boca. Pero esta vez es diferente, sabe a canela, naranja y el suave dulzor de tu saliva Madrileña Viajera. Es un brebaje maravilloso por el que puedo perder la cabeza sin intención de recuperarla, porque no produce resaca si no la grata necesidad de beber siempre para que no se agote ese cálido sabor.
Ya ves, he descubierto el sabor del riesgo en tu boca y en cada uno de los recodos de tu cuerpo que cartografío con más detalle que si me fuera la vida en ello, porque esta vez me juego la felicidad. No me asusta, me encanta esta sensación. Después de años de estar embarrancado veo la mar abierta cerca. Huelo el salitre en tu nuca y saboreo la brisa en tus caricias. Es algo irrepetible y no lo dejaré escapar. Apostaré todo lo que tengo a esa carta, merece la pena porque es la primera vez que veo el rumbo tan nítido. Está trazado con escuadra y cartabón por las manos de un navegante infalible que me llama presuroso para que empiece la singladura.
No te preocupes mi amada Madrileña Viajera, el viaje es fácil porque navegamos juntos hacia el mismo puerto.
No te olvides soy alquibla el navegante que por fin ha encontrado el rumbo que buscaba.